De la Muralla de Troya al Algoritmo de IA
Guido Rosales 02/06/2026Recorrido conceptual desde el engaño cognitivo hasta el dominio de la cognición, con una propuesta de modelo y el constructo de Preparación Cognitiva del Terreno

Recorrido conceptual desde el engaño cognitivo hasta el dominio de la cognición, con una propuesta de modelo y el constructo de Preparación Cognitiva del Terreno
De la Muralla de Troya al Algoritmo de IA: una teoría evolutiva de la innovación adversarial y la expansión de los dominios de influencia
Recorrido conceptual desde el engaño cognitivo hasta el dominio de la cognición, con una propuesta de modelo y el constructo de Preparación Cognitiva del Terreno
La historia humana suele relatarse como una sucesión de inventos. Proponemos una lectura distinta: la innovación más transformadora rara vez perfecciona una herramienta, y con mayor frecuencia cambia las reglas del juego al abrir un dominio donde las reglas anteriores dejan de ser suficientes. Con ese enfoque presentamos una interpretación evolutiva de la innovación adversarial, entendida como la capacidad de generar ventajas mediante adaptación continua frente a restricciones, amenazas o competidores. A partir de una síntesis conceptual de hitos que van del relato del Caballo de Troya a la inteligencia artificial contemporánea, identificamos una expansión progresiva de los dominios estratégicos, de la tierra al mar, al aire, al espacio, al ciberespacio y a la cognición, acompañada de una ampliación paralela de los ámbitos de influencia. El trabajo aporta tres elementos. Primero, el Modelo de Innovación Adversarial Evolutiva (MIAE), que articula tres motores: la apertura de dominios, la aceleración del tempo decisional y la institucionalización selectiva de capacidades. Segundo, el constructo Preparación Cognitiva del Terreno (PCT), condición previa que vuelve adoptable o explotable una innovación. Tercero, seis proposiciones que ordenan el patrón observado. Concluimos que el desafío del siglo XXI no consiste en dominar territorios o tecnologías de forma aislada, sino en comprender cómo interactúan múltiples dominios dentro de sistemas adaptativos complejos.
Human history is usually told as a sequence of inventions. We propose a different reading: the most transformative innovation rarely perfects a tool, and more often changes the rules of the game by opening a domain where prior rules cease to suffice. From this standpoint we present an evolutionary interpretation of adversarial innovation, understood as the capacity to generate advantage through continuous adaptation in the face of constraints, threats or competitors. Drawing on a conceptual synthesis of milestones spanning the Trojan Horse to contemporary artificial intelligence, we identify a progressive expansion of strategic domains, from land to sea, air, space, cyberspace and cognition, with a parallel broadening of the spheres of influence. The article contributes three elements. First, the Evolutionary Adversarial Innovation Model (EAIM), which articulates three engines: the opening of domains, the acceleration of decision tempo, and the selective institutionalization of capabilities. Second, the construct of Cognitive Terrain Preparation (CTP), the precondition that renders an innovation adoptable or exploitable. Third, six propositions that order the observed pattern. We conclude that the challenge of the twenty-first century lies not in dominating territories or technologies in isolation, but in understanding how multiple domains interact within complex adaptive systems.
Palabras clave: innovación adversarial; dominios estratégicos; preparación cognitiva del terreno; sistemas adaptativos complejos; dominio cognitivo. Keywords: adversarial innovation; strategic domains; cognitive terrain preparation; complex adaptive systems; cognitive domain.
01Introducción
La innovación se enseña, las más de las veces, como una galería de inventos: la rueda, la imprenta, el motor, el transistor. Esa narrativa es cómoda, pero deja fuera lo esencial. Debemos entender que las innovaciones que de verdad alteraron el curso de los acontecimientos no siempre mejoraron una herramienta. Con frecuencia hicieron algo más radical, que fue cambiar las reglas del juego. Cuando una innovación abre un terreno nuevo, las ventajas acumuladas por el adversario en el terreno anterior pierden valor, no porque hayan sido vencidas, sino porque han quedado fuera de lugar.
Esta observación, sencilla en apariencia, tiene consecuencias profundas para quien estudia la estrategia, la tecnología y la competencia organizacional. Si la ventaja decisiva proviene de operar donde el otro aún no sabe competir, entonces la pregunta relevante no es solo cómo hacer mejor lo que ya hacemos, sino dónde se está desplazando el campo de juego y con qué anticipación somos capaces de reconocerlo.
El presente trabajo aborda ese vacío desde una perspectiva integradora. La literatura ha estudiado la innovación competitiva (Christensen, 1997), la evolución de la tecnología como sistema (Arthur, 2009), la difusión de las innovaciones (Rogers, 2003) y la transformación de la guerra a lo largo de los siglos (McNeill, 1982; Parker, 1988). Sin embargo, estos cuerpos suelen tratarse por separado. Lo que proponemos es leerlos como manifestaciones de un mismo fenómeno, al que denominamos innovación adversarial, y mostrar que su evolución obedece a un patrón reconocible.
Entendamos por innovación adversarial la capacidad de generar ventajas mediante adaptación continua frente a restricciones, amenazas o competidores. El término "adversarial" no se restringe al conflicto armado. Alcanza a toda situación en la que un actor busca prevalecer frente a otro que se adapta a su vez, sea en el mercado, en la regulación, en la información o en el campo de batalla. Precisamente porque el adversario aprende, la ventaja no es un estado que se conquista una vez, sino una posición que se sostiene mediante adaptación.
El objetivo de este artículo es doble. En primer lugar, identificar el patrón evolutivo que subyace a un conjunto de hitos históricos, desde el engaño de Troya hasta la inteligencia artificial contemporánea. En segundo lugar, formalizar ese patrón en un modelo conceptual que sea útil para pensar la estrategia y la seguridad en entornos complejos. La pregunta que orienta el trabajo puede enunciarse así: ¿qué transformaciones recurrentes explican que la ventaja adversarial haya migrado, a lo largo de la historia, desde el control de lo físico hacia el control de la información, la confianza, la atención y la decisión?
Anticipamos la tesis central. La evolución de la innovación adversarial no consiste solo en la conquista de territorios, sino en la expansión progresiva hacia dominios cada vez más abstractos. Esa expansión, sostenemos, está gobernada por tres motores que el trabajo desarrolla, y depende de una condición previa que llamamos preparación cognitiva del terreno. El aporte se ofrece como propuesta teórica, sujeta a contrastación, y no como conclusión cerrada.
02Marco conceptual
Tres tradiciones conceptuales sostienen el análisis. Las presentamos por separado y luego mostramos cómo se articulan.
La teoría de la innovación disruptiva mostró que las grandes organizaciones no fracasan por hacer mal su trabajo, sino por hacerlo demasiado bien dentro de las reglas que dominan, hasta que un competidor cambia el terreno de la competencia (Christensen, 1997). De manera convergente, la evolución de la tecnología se ha descrito como un proceso combinatorio, en el que las nuevas capacidades surgen de recombinar las existentes más que de la invención aislada (Arthur, 2009). De ambas lecturas retenemos una idea: la ventaja no reside en la herramienta, sino en la posición que la herramienta abre. Tomemos en cuenta que esta es la misma lógica que, siglos antes, operó en el plano militar.
El pensamiento estratégico ha entendido el "dominio" como el espacio en el que se ejerce la acción y la influencia. La historia militar muestra una sucesión de dominios incorporados al conflicto: tierra, mar, aire, espacio y, más recientemente, el ciberespacio (Libicki, 2007). El estudio de la OTAN sobre guerra cognitiva añade un dominio adicional, el de la mente, y describe la cognición como el terreno disputado del siglo XXI (du Cluzel, 2020). De forma paralela, la influencia se ha entendido como poder blando, esto es, la capacidad de obtener resultados moldeando preferencias antes que imponiendo costos (Nye, 2011). Debemos notar que dominio y ámbito no son lo mismo: el dominio es el espacio físico o abstracto donde se opera; el ámbito es la dimensión de la vida social sobre la que se influye, sea militar, económica, informacional o cultural.
La teoría de los sistemas adaptativos complejos ofrece el lenguaje para entender por qué la ventaja es siempre provisional. En estos sistemas, los agentes se adaptan unos a otros, de manera que ninguna estrategia conserva su eficacia indefinidamente, porque el propio éxito modifica el entorno que lo hizo posible (Holland, 1995). Sobre esa base, la teoría estratégica de John Boyd interpretó el conflicto como una competencia de adaptación, sintetizada en el ciclo observar, orientar, decidir y actuar, conocido como OODA, donde la ventaja pertenece a quien recorre ese ciclo con mayor velocidad y pertinencia que su oponente (Osinga, 2007). Consecuentemente, la innovación adversarial es un fenómeno de coevolución: cada avance reconfigura el terreno y obliga al adversario, y a uno mismo, a adaptarse de nuevo.
La articulación de las tres tradiciones produce la lente del trabajo. La innovación adversarial es disruptiva porque desplaza el terreno de la competencia, es expansiva porque incorpora dominios cada vez más abstractos, y es coevolutiva porque opera en un sistema donde el adversario también aprende. Con esta lente recorremos a continuación la historia.
03Estrategia de análisis
El estudio es de naturaleza conceptual y teórica, no empírica. Su propósito no es probar una hipótesis con datos primarios, sino proponer un modelo que ordene un patrón observado en la literatura histórica y estratégica. En términos metodológicos, aplicamos una síntesis conceptual narrativa, esto es, la lectura interpretativa de un conjunto de casos históricos reconocidos con la finalidad de extraer de ellos una estructura común.
Los hitos se seleccionaron con tres criterios. El primero es la relevancia estratégica, por cuanto cada hito representa un punto de inflexión ampliamente documentado en la historia de la guerra, la tecnología o la comunicación. El segundo es la diversidad de dominios, de manera que el conjunto cubra el tránsito de lo físico a lo abstracto sin concentrarse en una sola época. El tercero es el valor ilustrativo, en la medida que cada caso permite aislar con claridad un mecanismo de ventaja adversarial. No pretendemos exhaustividad histórica, sino representatividad analítica.
Se hace notar una limitación inherente a este diseño. La selección de casos introduce un sesgo de confirmación potencial, por cuanto los hitos elegidos son, por definición, aquellos en los que el patrón se manifiesta. Asumimos esa limitación de manera explícita y, en la discusión, sometemos el modelo a sus propios límites. El recorrido que sigue debe leerse, por tanto, como la construcción argumentativa de una propuesta, y no como su validación definitiva.
04Recorrido analítico: de Troya a la observación distribuida
Organizamos el recorrido en bloques temáticos, y no como una cronología de episodios sueltos, porque lo que nos interesa no es cada hecho en sí, sino el mecanismo que revela.
El relato del Caballo de Troya constituye uno de los primeros ejemplos de innovación adversarial de naturaleza cognitiva. La innovación no consistió en derribar las murallas, sino en volverlas irrelevantes. Quien introduce el engaño no ataca la fortificación, ataca la interpretación que los defensores hacen de su propia seguridad. Es la lógica que Sun Tzu (1963) condensó en la idea de vencer sin combatir, sometiendo al adversario mediante el cálculo y la percepción antes que mediante la fuerza.
Conviene reparar en un detalle que el relato suele pasar por alto. El engaño funcionó porque existía un terreno mental ya preparado. Años de asedio habían consolidado en los defensores la creencia de que sus muros eran invulnerables, y esa confianza fue, paradójicamente, la grieta por la que entró la derrota. La innovación cognitiva no operó sobre un terreno neutro, sino sobre un terreno cuya disposición previa la hizo posible. Volveremos sobre este punto, porque de él nace el constructo central del modelo.
Las batallas de Maratón, Termópilas y Salamina muestran cómo una fuerza limitada puede compensar la inferioridad numérica mediante un uso más inteligente de los recursos disponibles. Los griegos no vencieron por acumular más medios, sino por explotar el terreno, la logística, la información y la coordinación con una pertinencia que el adversario, más numeroso, no supo igualar. La innovación, aquí, fue frugal: nació de la restricción, no de la abundancia. Debemos entender que la escasez, lejos de ser solo una desventaja, suele forzar la clase de adaptación creativa que la holgura desincentiva.
Alejandro Magno ofrece un mecanismo distinto. Su mayor innovación no fue militar en sentido estricto, sino la capacidad de absorber, combinar y expandir sistemas existentes. Al incorporar élites locales y respetar estructuras previas, transformó la conquista en integración, lo que sugiere que escalar capacidades resulta a menudo más eficiente que reemplazar sistemas completos. Es la misma lógica combinatoria que la teoría contemporánea atribuye a la evolución de la tecnología (Arthur, 2009).
Roma llevó ese principio a su forma más madura. Convirtió ideas en sistemas escalables: la legión sustituyó la rigidez de la falange, las calzadas dieron movilidad estratégica y la administración permitió gobernar territorios extensos. Roma hizo de la organización una ventaja competitiva. De aquí extraemos un principio que la historia confirma una y otra vez: una innovación adversarial solo se vuelve ventaja duradera cuando se institucionaliza, esto es, cuando se incorpora a procesos, roles y sistemas que la reproducen sin depender del genio individual. Notemos, sin embargo, que la institucionalización encierra una tensión que retomaremos en la discusión, por cuanto el mismo proceso que sostiene una capacidad puede, con el tiempo, anquilosarla.
Napoleón reorganizó sus fuerzas en cuerpos relativamente autónomos, capaces de maniobrar de forma independiente. La innovación no estuvo en el armamento, sino en la descentralización controlada, que acercó la decisión al punto de acción y, con ello, aceleró la adaptación. Más de un siglo después, la guerra relámpago alemana llevó esa lógica al límite. La clave de la Blitzkrieg no fue destruir más, sino actuar más rápido, coordinando velocidad, autonomía y concentración para descomponer la capacidad de respuesta del adversario antes de que pudiera articularla.
Este bloque anticipa, en términos prácticos, lo que Boyd formularía en clave teórica. Quien completa el ciclo de observar, orientar, decidir y actuar con mayor rapidez que su oponente lo obliga a reaccionar siempre a una situación que ya cambió, y termina por paralizarlo (Osinga, 2007). El tiempo, así, deja de ser un marco neutro y se convierte en un arma.
Durante siglos la información se desplazó a la velocidad del transporte. El telégrafo rompió esa dependencia: por primera vez una decisión podía viajar más rápido que la persona que la portaba. La velocidad informacional modificó la estructura del poder, porque permitió coordinar a distancia y reaccionar antes que el adversario. Pero la misma conectividad que aceleró la información hizo de ella un blanco. La Segunda Guerra Mundial aceleró el desarrollo de la criptografía y el criptoanálisis, y con ellos emergió un activo estratégico nuevo: la confianza. Proteger la información, y socavar la confianza del adversario en la suya, se volvió tan decisivo como mover tropas.
La Primera Guerra Mundial convirtió al avión en instrumento estratégico. La innovación no fue el avión, sino el descubrimiento de un dominio: por primera vez el campo de batalla se expandió verticalmente, y quien operó en él obtuvo ventaja simplemente porque el adversario aún no sabía competir allí. La carrera espacial repitió el patrón a una escala mayor. Los satélites no agregaron una nueva arma, agregaron una nueva perspectiva, al permitir observación, comunicación y navegación de alcance planetario. De estos dos episodios extraemos una regla que se repetirá: la ventaja estratégica mayor surge al abrir un dominio donde las reglas anteriores aún no han sido escritas.
Internet interconectó millones de nodos distribuidos, y la comunicación dejó de depender de estructuras centralizadas. La masificación de los computadores personales, y más tarde de los dispositivos móviles y el Internet de las Cosas, extendió la presencia tecnológica hasta el entorno físico cotidiano. La consecuencia estratégica es que las redes se convirtieron en infraestructura de influencia. Quien controla, observa o moldea una red distribuida no necesita ocupar un territorio para incidir sobre él. Es el tránsito de la guerra clásica a lo que se ha descrito como netwar, una forma de conflicto organizada en torno a redes más que a jerarquías (Arquilla & Ronfeldt, 2001).
A finales del siglo XX se consolidó una comprensión más amplia del conflicto, según la cual la competencia ya no se limita al ámbito militar e integra la economía, la tecnología, la información, la cultura, la diplomacia y la psicología. Esta visión, formulada en clave de guerra irrestricta, sostiene que la ventaja contemporánea surge de combinar simultáneamente múltiples ámbitos, de manera que el adversario no logre identificar un único frente que defender (Liang & Xiangsui, 1999). La frontera entre lo militar y lo civil, entre lo económico y lo informacional, se vuelve deliberadamente difusa.
El conflicto reciente entre Rusia y Ucrania ha mostrado la maduración conjunta de drones, sensores, comunicaciones distribuidas e inteligencia artificial. La observación masiva y persistente del campo de batalla se ha vuelto un elemento central del combate, hasta el punto de que la capacidad de observar y aprender con rapidez puede pesar más que la capacidad de destruir. De manera convergente, la disputa por la atención y la narrativa en las plataformas digitales ha mostrado que la información se ha convertido, ella misma, en un terreno de operaciones (Singer & Brooking, 2018). El recorrido desemboca así en el dominio cognitivo, donde el objetivo último no es el cuerpo del adversario, sino su percepción y su decisión (du Cluzel, 2020).
Las innovaciones más transformadoras no eliminan las reglas existentes. Crean un dominio donde esas reglas dejan de bastar.
05Propuesta teórica: el Modelo de Innovación Adversarial Evolutiva
El recorrido revela una regularidad que conviene formalizar. Proponemos el Modelo de Innovación Adversarial Evolutiva (en adelante MIAE), que interpreta la historia de la ventaja adversarial como un proceso de coevolución gobernado por tres motores y condicionado por una variable previa.
El primer motor es la apertura de dominios. Los dominios estratégicos avanzan desde lo físico hacia lo abstracto, y los ámbitos de influencia se expanden en paralelo. La tabla siguiente sintetiza esa doble progresión, que debe leerse como acumulativa y no como sustitutiva, por cuanto cada nuevo dominio se superpone a los anteriores sin anularlos.
| Dominio estratégico (espacio de operación) | Ámbito de influencia predominante |
|---|---|
| Tierra | Militar y territorial |
| Mar | Comercial y logístico |
| Aire | Operacional y de proyección |
| Espacio | Informacional y de perspectiva |
| Ciberespacio | Tecnológico y de conectividad |
| Cognición | Psicológico, de atención y decisión |
La dirección del movimiento es inequívoca. La ventaja decisiva ha migrado del control de lo tangible al control de lo intangible, esto es, de la información, la confianza, la atención y la decisión. Pensemos en una analogía. Conquistar territorio es como tomar las habitaciones de una casa, una por una. Operar en el dominio cognitivo es como convencer al dueño de que abra la puerta, o de que ni siquiera hay nada que defender. El segundo enfoque no necesita derribar muro alguno.
El segundo motor es la aceleración del tempo. De Napoleón al telégrafo, de la Blitzkrieg al ciclo OODA, la historia muestra que la ventaja pertenece a quien adapta su decisión más rápido que su adversario (Osinga, 2007). El tempo no es solo rapidez, es rapidez pertinente: la capacidad de orientarse correctamente en una situación cambiante y actuar antes de que la ventana se cierre. La velocidad informacional y la descentralización de la decisión son los dos mecanismos que, recurrentemente, lo habilitan.
El tercer motor es la institucionalización. Una innovación adversarial efímera no cambia la historia; solo lo hace cuando se incorpora a sistemas, procesos y roles que la reproducen, como mostró Roma. Sin embargo, calificamos esta institucionalización de selectiva por una razón de fondo. La misma estructura que vuelve sostenible una capacidad puede, llevada al extremo, convertirla en rutina y privarla de su filo adaptativo. El equilibrio entre estabilizar una capacidad y conservar su capacidad de evolucionar es, quizá, el problema más delicado de toda organización que opera frente a un adversario que aprende.
Los tres motores describen cómo se despliega la ventaja, pero no explican por qué una innovación se adopta y otra, igualmente válida, fracasa. Para ello introducimos el constructo de Preparación Cognitiva del Terreno (en adelante PCT), que definimos como el estado previo de creencias, marcos mentales, confianza y atención que vuelve a una innovación adoptable por quien la introduce, o explotable frente a quien la padece.
El concepto se observó por primera vez en Troya, donde el engaño funcionó porque el terreno mental del defensor estaba ya dispuesto para creer en su propia invulnerabilidad. Pero su alcance es general. La teoría de la difusión de innovaciones muestra que la adopción depende menos de las propiedades técnicas de una novedad que de la disposición del entorno social a percibirla como compatible, ventajosa y comprensible (Rogers, 2003). En el plano individual, la economía del comportamiento ha documentado que la decisión humana opera con atajos y marcos previos que determinan qué información se procesa y cómo (Kahneman, 2011). La PCT integra ambas lecturas: ninguna innovación cae en terreno neutro, y la disposición previa del terreno decide su suerte.
La utilidad práctica del constructo es directa. Quien quiere adoptar una innovación debe preparar el terreno cognitivo de su propia organización antes que la tecnología. Quien enfrenta a un adversario debe vigilar el estado de su propio terreno cognitivo, porque allí, y no en sus muros, reside su vulnerabilidad más profunda.
Sintetizamos el MIAE en seis proposiciones, derivadas del recorrido y formuladas para orientar la contrastación futura.
P1. La ventaja adversarial decisiva proviene crecientemente de modificar percepciones, interpretaciones y decisiones del adversario antes que sus estructuras físicas.
P2. En entornos de incertidumbre, la capacidad de adaptar y recombinar los recursos disponibles supera a la mera superioridad cuantitativa.
P3. Una innovación adversarial se convierte en ventaja duradera solo cuando se institucionaliza; pero la institucionalización rígida erosiona, con el tiempo, su capacidad adaptativa.
P4. La velocidad pertinente de adaptación, y no la magnitud del daño, determina la ventaja, y aumenta cuando la decisión se acerca al punto de acción y la información viaja más rápido que el adversario.
P5. La mayor ventaja estratégica surge al operar en un dominio donde el adversario aún no sabe competir; la historia es la expansión acumulativa de dominios desde lo físico hacia lo abstracto.
P6. La adopción efectiva de una innovación adversarial depende de la preparación cognitiva previa del terreno; sin ella, la innovación no se adopta o resulta neutralizada.
06Discusión
El modelo no es solo una lectura de la historia militar; ofrece una clave para entender la seguridad de la información en entornos organizacionales. El adversario en ciberseguridad es, por definición, un agente que aprende y se adapta, lo que sitúa el problema dentro de un sistema adaptativo complejo. En ese marco, una defensa que se limita a perfeccionar los controles del dominio conocido reproduce el error de Christensen (1997): hace cada vez mejor lo que el adversario ya ha decidido eludir cambiando de terreno. La ingeniería social, el fraude basado en confianza y la manipulación de la percepción son, en rigor, operaciones en el dominio cognitivo, y confirman que la defensa puramente técnica del perímetro físico o lógico es insuficiente.
De la institucionalización selectiva (P3) se desprende una advertencia para las organizaciones que operan bajo regulación. El cumplimiento normativo es necesario, pero debe entenderse como el piso y no como el techo de una postura de seguridad madura. Cuando una organización institucionaliza la seguridad hasta convertirla en un ejercicio de verificación de listas, corre el riesgo de perder precisamente la capacidad adaptativa que la mantenía a salvo frente a un adversario que no cumple ninguna lista. Se observa, así, una paradoja: el mismo proceso que estabiliza una capacidad puede vaciarla de su filo. Resaltamos la necesidad de preservar, dentro de la estructura formal, espacios deliberados de pensamiento adversarial que no se dejen absorber por la rutina del cumplimiento.
Tres límites deben enunciarse con honestidad. El primero es de diseño: la selección de casos favorece la confirmación del patrón, por lo que el modelo debe someterse a casos donde la innovación adversarial fracasó pese a abrir un dominio nuevo. El segundo es de medición: constructos como la preparación cognitiva del terreno requieren operacionalización antes de poder contrastarse empíricamente, tarea que excede el alcance conceptual de este trabajo. El tercero es de frontera: no toda competencia organizacional es adversarial en sentido estricto, y aplicar el modelo a contextos meramente cooperativos podría forzar su lógica. Reconocer estos límites no debilita la propuesta; delimita el terreno en el que resulta aplicable.
Para una organización que opera frente a adversarios que aprenden, recomendamos tres acciones derivadas del modelo: vigilar hacia qué dominio se desplaza la competencia antes de perfeccionar el dominio actual; reducir la distancia entre la observación y la decisión para ganar tempo; y preparar el terreno cognitivo interno, esto es, las creencias y los marcos mentales del equipo, antes de adoptar una nueva tecnología o control.
07Conclusiones y agenda futura
La historia de la innovación adversarial puede interpretarse como una expansión progresiva de los dominios de influencia humana. Desde la modificación de percepciones en Troya hasta la inteligencia artificial contemporánea, la ventaja estratégica ha migrado del control de lo físico hacia el control de la información, la confianza, la atención y el conocimiento. El recorrido sugiere un patrón recurrente: las innovaciones más transformadoras no eliminan las reglas existentes, sino que abren un dominio donde esas reglas dejan de bastar.
El trabajo aportó un modelo, el MIAE, articulado en torno a tres motores, que son la apertura de dominios, la aceleración del tempo y la institucionalización selectiva, junto con un constructo, la preparación cognitiva del terreno, que explica por qué una innovación se adopta y otra fracasa. Las seis proposiciones ofrecen una base para la investigación posterior.
La agenda futura se abre en tres frentes. En el plano teórico, conviene confrontar el modelo con casos de fracaso adversarial y delimitar mejor su frontera. En el plano metodológico, se hace necesario operacionalizar la preparación cognitiva del terreno mediante indicadores que permitan su medición. En el plano aplicado, resta trasladar el modelo a la gestión de la ciberseguridad organizacional, donde la tensión entre cumplimiento y capacidad adversarial demanda instrumentos concretos. Esperamos que, en el corto plazo, estas líneas permitan transformar la propuesta conceptual en una herramienta útil para quien debe decidir en entornos complejos e interconectados.
El desafío estratégico del siglo XXI, en definitiva, ya no consiste únicamente en dominar territorios o tecnologías, sino en comprender cómo interactúan simultáneamente múltiples dominios y múltiples ámbitos de influencia dentro de sistemas adaptativos complejos.
08Referencias
Arquilla, J., & Ronfeldt, D. (2001). Networks and netwars: The future of terror, crime, and militancy. RAND Corporation.
Arthur, W. B. (2009). The nature of technology: What it is and how it evolves. Free Press.
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